Conmovedora interpretación, esculpida en madera de tilo, de uno de los temas sacros más difíciles de abordar precisamente porque se ha convertido, a lo largo de más de dos mil años, en un "icono" de la inspiración artística. El maestro anónimo logra hacer emocionante y sugestiva la dramatización de Jesús muerto en la Cruz. La sabiduría anatómica del rostro, las prominencias óseas del cuerpo consumido por el sufrimiento, la ligereza de los pliegues del paño, testimonian la maestría del escultor. La dimensión doméstica de la obra (ni grande ni pequeña) evidencia su singularidad, probablemente fruto de un encargo privado para adornar un altar o una capilla. Las referencias a la tradición naturalista germánica de estilo post-dureriano son evidentes, así como el gusto por la representación casi miniaturista de los detalles anatómicos.
Obra de gran significado artístico y espiritual destinada a amantes y coleccionistas del género.
Alemania meridional – finales del siglo XIX