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Siglo XVIII, Luis XVI, Nápoles, Espejo

Codice: 424783
3.600
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Época: Siglo XVIII
Categoría: Del Siglo XVIII
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Ars Antiqua SRL
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Siglo XVIII, Luis XVI, Nápoles, Espejo  Traducido
Descripción:
Siglo XVIII, Luis XVI, Nápoles Espejo Madera dorada y espejo de mercurio, 138 x 80 cm Luz, 59 x 44 cm   Este refinado espejo, obra maestra de la ebanistería napolitana del siglo XVIII, encarna la elegancia y la majestuosidad del estilo Luis XVI. El marco, ricamente tallado y dorado, presenta un diseño armonioso y simétrico, caracterizado por motivos florales y foliares que se entrelazan con gusto. En el centro de la cimera, una composición escultórica de gran efecto representa una rica voluta que culmina en un elemento decorativo con forma de flor estilizada, símbolo de refinamiento y opulencia. Los bordes del espejo están adornados con una serie de pequeñas volutas y una delicada orla de cuentas, que confieren a la obra un aire de ligereza y refinamiento. La pátina dorada, uniforme y brillante, realza la belleza de las esculturas y otorga al objeto un aura de preciosidad. El estilo Luis XVI, que se desarrolló en Francia durante el reinado de Luis XVI (1774-1792), representa una de las expresiones más refinadas y sofisticadas del gusto neoclásico. Caracterizado por líneas simples y puras, proporciones equilibradas y una rica decoración a base de motivos geométricos y florales, este estilo se distingue por su elegancia sobria y su atención al detalle. Las formas son esenciales y geométricas, inspirándose en el arte antiguo, mientras que las decoraciones a menudo se inspiran en la naturaleza, con el uso de guirnaldas, festones, rosetas y motivos de hojas. El espejo en cuestión representa un perfecto ejemplo de este estilo: sus líneas simples y puras, las proporciones equilibradas, las decoraciones basadas en motivos florales y la pátina dorada son todos elementos típicos del gusto Luis XVI. Esta obra, fruto de la habilidad de un hábil ebanista, encarna el ideal de belleza y refinamiento que caracterizaba a la aristocracia del siglo XVIII. Para subrayar aún más su altísima calidad, está el espejo de mercurio en su interior. El espejo de mercurio, precursor de los modernos espejos de plata, es un fascinante testimonio del ingenio humano y de la evolución tecnológica. La técnica para obtener la superficie reflectante mediante la deposición de mercurio sobre una serie de capas de estaño, cuidadosamente pulidas, colocadas preliminarmente sobre la superficie vidriosa, permitió revolucionar el mercado de los espejos. Los primeros ejemplares realizados con esta técnica se remontan al siglo XVI y fueron el fruto de las investigaciones de los maestros vidrieros venecianos. La calidad de los espejos así obtenidos era tan superior a la permitida por las anteriores tecnologías que la Serenísima sometió a secreto la elaboración. A pesar de la amenaza de severísimas penas, igualmente hubo fugas de información, tanto que ya en el siglo XVII en Francia se realizaban espejos de mercurio, aunque de calidad inferior a la veneciana. La famosa Galería de los Espejos del Palacio de Versalles está decorada con cientos de espejos de mercurio realizados en la manufactura Saint-Gobain, célebre vidriería que aún hoy, bajo el mismo nombre, produce vidrios y cristales para los usos más diversos. El espejo de mercurio cedió el paso en el siglo XIX al espejo en el que el efecto reflectante se obtuvo mediante el uso de estaño y de aluminio, gracias a la invención del químico alemán Justus von Liebig.  Traducido